
La salvación no es más que un niño recién nacido
recostado en un pesebre.
No puede hacer nada por nosotros.
No es más que pura indigencia que duerme silencioso,
o que llora para que interpretemos su llanto.
Es el máximo respeto, la llamada más limpia y transparente
que puede llegar hasta nuestros sentidos.
Será Salvador nuestro en la medida que lo arropenos
y lo recibamos en nuestra vida con ternura.
Que tengan una muy feliz Navidad
y que el Niño Dios derrame sobre nosotros toda su ternura.